Aunque el término “The cost of doing nothing” se ha utilizado en el ámbito financiero y en la crisis climática a mí me sugiere reflexiones en otras áreas, personales y profesionales.
Respecto al clima el tono es alarmante, y viene a decir - seguramente no sin razón - que si no realizamos determinadas acciones de forma urgente el problema se duplica cada pocos años hasta que llega un momento en que no hay fuerzas posibles que lo paren.
Es un tema de inercia “mala”: si el tren coge demasiada velocidad no vamos a poder pararlo con fuerza física desde el andén.
Nosotros - en nuestra empresa de desarrollo de software y productos tecnológicos - notamos esa inercia negativa de forma intensa cuando en 2024 facturamos un 20% menos de proyectos.
Podemos no hacer nada más que ajustar los gastos flexibles y seguir igual.
Pero no lo hicimos, decidimos intentar analizar, buscamos asesores externos y pusimos en marcha un plan sin garantías para:
- Convertirnos en expertos (estudiar lo que podamos) en las nuevas tecnologías relacionadas con el software, la tecnología y la IA.
- Exponernos mucho más en redes (LinkedIn), congresos y eventos.
- Ofrecer formación y herramientas a todo el equipo de taniwa (contratado o no) en forma de píldoras diarias y copilotos varios sobre temas prácticos.
Nuestra mente primate nos ha lanzado de todo para reforzar la estrategia darwinista del “estate quieto chaval, hasta aquí sigues vivo, no cambies no vayas a cagarla”:
- Hacerse “experto” es muy difícil y además todos los aprovechados con dotes de difusión meterán tanto ruido que no se os oirá.
- Exponerse en redes es de flojos y narcisistas. Además te da vergüenza y la puedes liar.
- La gente se va a cansar de vuestras chorradas.
La idea era:
Estamos más viejos, nos cuesta más sacar proyectos y no sabemos si lo conseguiremos, pero en un año tenemos que ser una mejor versión de nosotros mismos como empresa y como profesionales individuales. Aunque todo se derrumbe, seremos un poco mejores.
Pues ése es el plan que hemos seguido y estamos mejor.
Tenemos más proyectos (tenemos trabajo, no somos ricos), tenemos más contactos guapos y tenemos más experiencias en tecnología y en comunicación.
En la parte personal, veo que lo mismo aplica: analizar dónde quieres estar (o no estar), hacer un plan, capear la tormenta de pensamientos primates anti-movimiento y tomar acción.
La depresión, no soy psicólogo, se gesta en esos “no te muevas, total pa qué” que pueden tener ventaja evolutiva en ciertos momentos, pero que en nuestro mundo no me encajan.
Este nuevo curso estamos petados de trabajo. Petados pero contentos.
Vamos!

